Sobre el Amor

 

Con este escrito comienzo una serie que pretende esclarecer la práctica cotidiana que denomino “Mística Urbana”. Una petición de amigos de facebook,  me invita a adentrarme en los entresijos de la práctica cotidiana para sostenerme en el amor, me ha animado a compartir por este medio lo que habitualmente transmito en clase mientras exploramos este insondable misterio que, como diría San Agustín, es más yo que yo mismo.

En la búsqueda del amor me hallo y aun sabiendo que Amor es todo y que no existe una sola criatura que no sea en  Amor contenida, aun siento en mí, miedo, desamor, odio, celos, posesión, desprecio y un largo etc. de sentimientos opuestos a su naturaleza, en las relaciones humanas y en las proyecciones mundanas que, os aseguro, no nacen de su creación. Con la experiencia entendí que no son el verdadero Ser, sino el que digo ser yo, nacido de la escisión que produjo la dualidad miedo-amor al sentirme diferente del resto de la creación. Sabiendo esto en lo hondo, más allá de la mente, el recuerdo u otra cualquier extensión de lo conocido de mí. Sin saber explicar de dónde emanó, pero con la certeza de que es más sabio que todo lo que yo pueda compilar, un día me dispuse a vivir desde Él como única opción. Es una elección, otros eligen ser educados, o fuertes, abstemios, célibes, carnívoros, o veganos, espirituales, etc. Yo he elegido amar y en mi ignorancia de lo que esto supone he comenzado a saber lo que no es amor aun pareciéndolo.

Agustín de Hipona dijo: Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado de aquello de lo que estás vacío.

Edward Bach escribió: Lo que llamamos “el amor” es una combinación de codicia (y miedo), es decir, el deseo de más y el temor a perderlo. Por lo tanto lo que llamamos “amor” debe ser IGNORANCIA.

Así que cada vez que no puedo sostener la paz en mí ante cualquier situación sé que no estoy en Él, el Amor, pues como dijo Pablo de Tarso: El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Si decido vivir desde el amor, aun no sabiendo qué es, sé lo que no es y sabiendo que lo que vivo es lo que soy, si soy Amor, no debería afectarme lo que vivo; si me afecta es indicativo de que no estoy en Él, sino en mí, una desviación interesada temporal, asentada en el miedo (ausencia de amor), que no busca la verdad sino su propia satisfacción a expensas de todo lo demás. De ahí que si decido mantenerme en Él he de disolver lo que siento que soy yo y defiende su visión desde, la rabia,  el sufrimiento o la decepción, cuando no coincide lo que está viviendo con la idea que prometía su satisfacción.

Como marco de referencia para el trabajo interior de la Mística Urbana, se han de integrar una serie de principios, todos ellos desde la lógica del Amor-Sabiduría como Unidad Esencial, que favorecen la disolución de los amores propios, nacidos del yo, como eje central de la creación, y que irá dando paso al verdadero Amor que siempre está en la base de la verdadera dimensión del Real Ser. Cuanto menos “Yo” más ÉL, de ahí que si no existe una verdadera implicación, una comprensión profunda de este significado, un verdadero Amor a la Verdad, al Amor como entidad, este trabajo es imposible de practicar, pues en sus inicios la consciencia personal está tan identificada con la sensación de identidad nativa, que el instinto de supervivencia se traslada al ámbito afectivo y más tarde al mental como idea de amor personal, afectivo-satisfactorio, y así este se troca en la idea de que el amor ha de ser grato, satisfactorio, confundiendo placer con amor, de manera que si me satisface lo quiero (distorsión del verdadero amor) si no me satisface no lo quiero. En el Amor no puede haber nada que el Ser no quiera, pues lo que está siendo es la creación de aquello mismo que le sostiene ante ello; es decir el amor es “yo” y mis circunstancias, pues ambos somos uno y nacemos de su seno; yo soy la inconsciencia de lo que ha sido es y será de ahí que no puede existir nada que no sea conveniente para seguir amando, excepto la idea de amor errada que no puede sostenerse ante la Verdad que está siendo. Al reparar en esto y saber que las circunstancias son “decorados” para actualizar el verdadero amor y dejar atrás la idea de amor personal que no coincide con lo que pasa, solo queda atender a la dificultad que hago en mí para vivir la circunstancia desde el aprendizaje y la integración de una nueva verdad, atender al mecanismo repetitivo que he construido con mi falta de visión trascendente, pues ha nacido en el tiempo y vive desde el paradigma de la dualidad,  y reafirma su necesidad por desconexión con la verdadera naturaleza del Ser, al que eclipsa con su posición central y al que ahora puedo vislumbrar al separar la consciencia de su idea pasada.

Estos son algunos de los principios que han de tenerse en cuenta para transitar cotidianamente por este paraje, desde la propuesta de amar y no perderse en el tiempo:

  1. La Alegría, y la Paz son estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.
  2. Lo que vivo y lo que soy son la misma cosa, si no me gusta lo que vivo, he de cambiar lo que soy.
  3. La felicidad es fruto de disolver, la queja, la crítica, la justificación y el reproche.
  4. El servicio impersonal en pro de la humanidad, elimina cualquier frustración en la vida.
  5. La vida es experiencia y cada resistencia en nuestro camino favorece el desarrollo de una nueva habilidad.
  6. No existen fracasos sino experiencias.
  7. Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva.
  8. La puerta para el cambio es el desapego y la llave el Amor.
  9. Desarrollar la virtud opuesta al defecto que me impide ser feliz es la clave para vivir desde el Alma.
  10. El sufrimiento es engendrado por la no aceptación de lo que está o ha sucedido.
  11. La resistencia es proporcional a la envergadura del proyecto, “no llenes el ojo antes que la tripa”.
  12. Pudiendo tener razón, decido amar

 

En lo sucesivo me adentraré en cada una de las 12 propuestas reflexionando sobre su contenido y aportando herramientas para una práctica cotidiana, si realmente se quiere profundizar en el arte de amar la vida.

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