La Alegría, y la Paz son estados naturales del Alma, que no dependen de nada externo.

La Paz sobre la que escribiré no es la que emana de la sensación de seguridad del “Yo”, pues aquel que se siente seguro no es que esté en paz, si no que cree haber conseguido el control sobre lo inevitable y centra su atención en lo cercano como eje de satisfacción para olvidar la presión que la existencia carnal ejerce sobre “sí”. Está tranquilo porque se siente seguro, y para ello ha creado toda una serie de mecanismos arbitrarios que le convenzan de que nada puede pasar; se relaja y se desconecta de la vida consciente, una fantasía que le permite olvidarse de las amenazas que le acechan en el mundo dual, donde intranquilidad-tranquilidad se suceden dependiendo de la sensación de seguridad que hagamos en nuestra mente al relacionarnos con el mundo. Somos el “Yo” que ha centrado su consciencia en los límites evidentes de su entorno y a través de instrumentos físicos o psíquicos se cree poseedor del poder para mantenerse a salvo y así poder descansar. Como la calma de un animal que ha saciado su necesidad vital y ahora pace en aparente tranquilidad hasta que se vuelva a presentar la necesidad que le hará salir de su zona de confort.

Un sofisticado sistema de seguridad, un arma, un amig@ fuerte, papá o mamá, los hijos durmiendo tras un día agotador, en definitiva la sensación de que ya no hemos de bregar con la vida nos permite tener la sensación de tranquilidad que a veces confundimos con la Paz. La Paz nada tiene que ver con el cese de las hostilidades cotidianas, eso sería reposo, tranquilidad un espacio de transitoriedad ante el siguiente envite de presión que volverá cuando se acabe la tregua. Estar en Paz nada tiene que ver con estar tranquilo, un cigarrillo, una copa, un medicamento o cualquier otra sustancia nos podría hacer creer que estamos en Paz, pero en realidad es que nos hemos desconectado de los indicativos psicofísicos que delatarían el estado, así hay mucha gente tranquila que no vive en Paz, en calma, serena, consciente de la imposibilidad de controlar la vida, de mantener la seguridad corporal, vital, existencial y aun así vivir desde la Paz.

La Paz es atributo del ser, una cualidad del Alma, un campo de información arquetípico ligado a la Unidad como fracción del Amor en la Creación. Por ello no es que uno esté en Paz, es que la Paz resida en uno. La visión egocéntrica del “Yo” ubica las cosas en el exterior, ya sean físicas o psíquicas, todo lo entiende como logro, como meta, como avatares a lograr, a alcanzar, de ahí que busque la Paz en el exterior, algo a lo que acceder, lograr para su satisfacción. Lo que propongo es que pensemos la Paz como algo preexistente al “Yo” con existencia propia, un campo de información que es al margen de la experiencia mental de un ser separado de su naturaleza. Si como el Amor, Él es más tu que tú mismo, y la Paz es una fracción del Amor, la Paz es más tú que la tranquilidad que buscas fuera de ti. La Paz se hace presente cuando la anhelas en tu interior, cuando la priorizas en tu vida, cuando eres consciente de que no eres el “Yo” que busca seguridad, o satisfacción, si no la esencia que lo mantiene vivo en el tiempo. Si levantas la mirada, si apaciguas el corazón, si confías en la existencia, si te entregas al Amor, no habrá más que Paz en tu existencia, porque ya no serás el yo buscando la paz si no la Paz expresándose a través del YO.

Ahora respira, y como diría mi maestro, echa un pensamiento hasta Él, recuérdate en Él, siéntete en Él y deja pasar todas las voces que buscan seguridad; solo por un instante entrégate a ese que es más tú que tú mismo, ya volverás luego a tus asuntos. Date la oportunidad, no importa que no creas en esto, no tienes nada que perder, serán unos minutos. Respira con consciencia, piensa en la Paz como una sustancia, como una entidad consciente que está en ti y que tomará tu consciencia si le permites asentarse. Para ello deja pasar todo lo demás, los asuntos cotidianos, los miedos, las ambiciones, todo lo que supuestamente te permite sentir seguridad y traslada la protección que buscas en el mundo a Ti en Ella, la Paz, respira e invócala, cree en ella, y permítele ser.

Ya me contarás.

Seguiremos con la Alegría, más pronto que tarde…

Hasta entonces Ama y no te perderás en el tiempo.

 

 

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