7.Todo lo aparentemente limitante esconde una intención positiva

Como ya hemos explicado en anteriores escritos, lo positivo o negativo, no es más que una valoración posicional de acuerdo a la idea preconcebida desde la que se observan los hechos. No obstante, es muy habitual, determinar que lo que aconteció no fue positivo, no se cumplieron nuestras expectativas o no sentimos satisfacción en la experiencia, por lo tanto lo valoramos como negativo.

La sensación de limitación, de resistencia, de freno, o detención que percibimos ante cualquier evento; la idea de que la “cosa no fluye”, nace de una predisposición, de una antelación imaginada sobre el ritmo, facilidad o característica ventajosa que debería producirse en relación con lo que realizamos, o queremos obtener. De ahí que cualquier “retraso”, “dificultad” u “oposición” con respecto a lo imaginado, (aunque nunca se hubiera pensado conscientemente) se sentirá como una limitación.

Manteniendo la propuesta dual de nuestro lenguaje, podríamos decir que toda limitación esconde una intención positiva, un aprendizaje si atendemos a las nuevas habilidades que podemos desplegar para no seguir “atorados” en el suceso, o bien descubrir el beneficio que estamos obteniendo al mantener la limitación. La primera posibilidad “positiva”, el despliegue de nuevas habilidades ya se desarrolló en el punto anterior y en esta ocasión nos detendremos para reflexionar sobre la segunda opción.

Para hacer evidente el benéfico de la limitación, lo ejemplarizaré con una experiencia compartida con mi madre hace algunos años. Mi madre, una mujer muy sentida y vital, manifestaba sus emociones con franqueza. En una ocasión ante mi inminente partida hacia América me traslado la idea de su sufrimiento cada vez que sabía que iba a volar. En un intento de rebajar su ansiedad ante tal acontecimiento le pedí que no sufriera, e intenté convencerla de la seguridad de los viajes aéreos. Su respuesta no se hizo esperar: ¿si yo no sufro por ti quien va a sufrir? Esa frase desveló ante mí un gran secreto al respecto de las construcciones anímicas de mi madre. Para ella el sufrimiento era un indicativo de afecto, de amor. No podía sostener en su cosmovisión la idea de no preocuparse por alguien querido, la intensidad de su preocupación, generadora de sufrimiento, denotaba el rango de su amor. Cuanto más amor sentía por alguien mayor preocupación, mayor sufrimiento, y era obvio que en esa frase el amor por mí quedaba manifiesto: ¿Cómo no voy a sufrir por ti con todo lo que te quiero? Para ella la intención “positiva” de su sufrimiento era hacerla sentir que amaba. Podría haber elegido otra manera de saber del amor, pero en su construcción valorativa el amor se medía en función del sentimiento de preocupación que le generaba el objeto amado, en este caso su hijo.

Esta tendencia es muy usual en nuestro universo afectivo, muchas personas constatan su sentimiento amoroso en función de la preocupación que sienten por otros. A mayor preocupación mayor afectividad. Este sentimiento a pesar de ser doloroso está favoreciendo una autoimagen que les hace sentirse bien. Parece una paradoja, ya sé que pareciera que el sufrimiento no puede generar placer, pero menos placer generará la idea de que no se quiere a alguien por no sentir preocupación. Así qué o se cambia la idea de constatar el amor que se siente o el sufrimiento pasa a ser un elemento identitario para satisfacer la necesidad de saberse amoroso.

Si te sientes identificadx con este ejemplo, pregúntate: ¿Cómo saber de mi amor sin necesidad de sufrir por lo que amo? ¿A qué otras áreas de mí podría atender para saber que amo sin necesidad de sufrir? Cuando sufro por alguien que amo ¿A que atiendo para sentir sufrimiento? ¿Qué me imagino? ¿Estoy teniendo en cuenta la capacidad, la libertad y la inteligencia de la persona, de la vida, de Dios?

Este ejemplo se puede extrapolar a cualquier otro ámbito, siempre buscando lo que otorga aquello que supuestamente nos molesta, nos limita. ¿Qué obtengo que no obtendría si dejara de sentir lo que siento? En el caso del ejemplo sería ¿Si dejara de sufrir por mi hijo cómo me sentiría? ¿Qué diría eso de mí?

Como aseveró Moshé Cordovero «Allá donde tú te encuentres se hallan todas las dimensiones» de ahí que puedas atender a otras áreas de ti para transformar lo limitante que estás sintiendo, eso sí, antes tendrás que aceptar la pérdida de lo que la limitación aportaba a tu vida. Y recuerda cualquier limitación que sientas es la consecuencia de mantener en ti una idea elegida que permanece a través de la recreación de tu mundo.

El verdadero amor no genera sufrimiento.

Pronto el punto 8

Seguimos amando

 

 

 

 

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